domingo 15 de noviembre de 2009

La muñeca fea

A partir de leer y ver la última entrada de ChanchoPensante, saqué del baúl de los recuerdos un dibujito que hice hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana:

La muñeca fea.

Porque han de saber, que en ese lejano pasado me dió por dibujar y pintar. Tanto tiempo ha pasado, que ya casi se borra de mi memoria. (Snif)

sábado 7 de noviembre de 2009

INTERMITENTE

Como dije antes: no lo he abandonado, sólo que por el momento hay otras cosas que ocupan mi tiempo y me es difícil venir aquí y escribir.

Hoy escribo, porque según yo, el alcohol me hace un poco más elocuente, cosa que creo que sólo existe en mi imaginación.

Bueno, he estado ausente por la chamba y mil ocupaciones:

A mi hogar llegaron unos nuevos habitantes: siete renacuajos que la bella Blue recogió en su escuela.

Me he dedicado a mi placer culpable: películas y series de terror. No lo puedo evitar, es un gusto naco, que me encanta. Claro que, en días como hoy, he requerido echarme un par de cervezas para darme valor y ver algo horripilante en la soledad de mi sala.

Hice una casa de los sustos, que quedó bastante espantosa y varios de los visitantes salieron llorando. (ji!) Lo peor, es que no me arrepiento de haberlos hecho llorar, no era fuerza entrar.

He ido a nadar, y me he metido al agua fría, sufro pero luego me siento bien por haberlo logrado. Como que no soy tan vieja como a veces me siento.

Dedico mis tardes de sábado a torturarme con el estudio, con otro par de incautos que sufren igual que yo.

Vino Fairest Creature a verme, se quedó aquí y fuimos a un concierto de Paté de Fuá. Que aunque no tenía el gusto, ahora me he vuelto medio fan.

He aceptado que la soledad es mejor que la compañía en muchas ocasiones. Y me he dado cuenta que sola trabajo mejor que en equipo.

También descubrí que soy de atención dispersa y que, no soy como todas las mujeres multi-task, noooo, mi mente sólo puede enfocarse en una sola cosa y ya.

Aaaah, y lo último: el masoquismo es lo mío. O sea, veo películas de terror que me gustan, pero luego no puedo dormir, trabajo como un burro y luego no me puedo levantar, me meto al agua helada a nadar y chillo como un cochinito en matadero, pero luego me siento bien. Y así, todo termino disfrutándolo, aunque me haga sufrir o berrear.

Y bueno, ya pronto o dentro de mucho, escribiré más tarugadas sin sentido y sin edición ni nada.

martes 22 de septiembre de 2009

Ideas inconexas

¡Shhhh¡ No le digan a nadie: me escabullí de los papeles que me esperan ansiosos en la mesa, también escapé de los trastes sin lavar. ¡Shhh!

(Léase en voz baja, muy baja, ya que esto lo estoy escribiendo a escondidas de mis deberes)

-Mamá ¿por qué siempre es así?
- Porque no puede ser de otra manera.
-¿Alguna vez papá y tú estarán juntos de nuevo?
- Me temo que no.

Star light, star bright,
The first star I see tonight;
I wish I may, I wish I might,
Have the wish I wish tonight.






Y así, como Coraline, los sueños podrían hacerse realidad, o no.

domingo 6 de septiembre de 2009

No tiene nada de malo

No tiene nada de malo sentirse mal y andarse azotando por los pasillos y contra todo. Tampoco tiene nada de malo darse el lujo de echar unas lagrimitas y retorcerse como tlaconete con sal con pretextos poco convincentes y nada decorosos. No tiene nada de malo quejarse de vez en cuando. Tampoco creo que tenga nada de malo el encierro total y absoluto, evadiendo todo contacto con el mundo exterior. No tiene nada de malo no querer ir al cine sola, por temor a espantarse y salir con los pelos parados y sin alguien junto que pueda ayudar a aplacarlos. No tiene nada de malo pasarse horas frente a la computadora jugando tonterías que lo ayuden a uno a evadirse del mundo. No tiene nada de malo poner música que provoca nostalgia. No creo que tenga nada de malo dejar que los objetos tomen un lugar al azar dentro de la casa y no querer moverlos aunque nos tropecemos con ellos. No tiene nada de malo no querer peinarse. Supongo también que no tiene nada de malo trabajar en domingo con tal de olvidar que en realidad uno debería estar descansando. No tiene nada de malo aventarse a ver un churro en la televisión. Creo que tampoco tiene nada de malo pasar una hora entera cambiando los canales sin estacionarse en ninguno. Y espero que no tenga nada de malo pensar que en realidad, la fiebre que me ha dado es por exceso de trabajo. Y por lo tanto, no tiene nada de malo la idea de mandar todo al diablo.

Esta es la crónica de un fin de semana que aunque no fue malo, tampoco tuvo nada de bueno.

jueves 3 de septiembre de 2009

¡¡¡Sigo viva!!!

Aunque no lo crean, después del aniversario, sigo viva. No, no he abandonado el blog. No, no me he casado y he tenido mil hijos que mantener. No, tampoco me cambié de casa a un barrio incomunicado del mundo. Tampoco decidí hacer meditación. Tampoco me he despegado del interné. ¿Saben qué es lo que realmente pasa?

Que me ahogo de carga de trabajo y nomás no me he podido detener un segundo por aquí. Espero pronto todo regrese a la normalidad y yo sea una persona más en mis cabales, dispuesta a escribir algo, no una sarta de incoherencias de miles de cosas que me han sucedido que, por cierto, me tienen furiosa. Si voy a despotricar, pues que sea con estilo, con clase, no quiero andar soltando una serie de tarugadas sin ningún sentido.

Me voy, pero volveré....

Si ven que escribí todo con las patas, pues así fue.

viernes 7 de agosto de 2009

FELIZ PRIMER ANIVERSARIO



Hoy tengo dos celebraciones:


1. El 33 aniversario de mis queridísimos progenitores

Al verlos felices celebrando, la verdad, todo lo que diga está de sobra. Los quiero mucho.


2. El primer aniversario de mi joven blog

Éste ha sido un experimento de escritura, lectura, búsqueda, constancia y catársis que jamás pensé que llegaría a durar tanto.

Hoy hay pastelito de chocolate con cerezas, la dósis de cafeína de rigor y una velita que apagar.
A todos los que han caído por aquí, por compromiso, recomendación (aaajá!) o purititita casualidad, gracias. Me encanta leer los comentarios que recibo.
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Después de esta breve cápsula seguimos con la programación intrascendente de siempre. Ya sabe querido lector que antes de someterse a los sucesos de este blog es recomendable echarse una tacita de café bien cargado o, ya de perdis, una cafiaspirina (o ¿era al revés?).

sábado 1 de agosto de 2009

Insomne


El rechinido de una puerta, pasos, arañazos en la ventana, sombras, un silencio estremecedor, una respiración sin autor, voces lejanas, lamentos, escalofríos, murmullos, objetos que caen sin razón, ojos en la oscuridad, el ulular del viento, una presencia que acecha, frío, ruidos inexplicables: miedo.

De pequeña siempre fui miedosa. De los primeros episodios que recuerdo fue cuando en la primaria una niña me contó sobre la Llorona, con sus velos que se mueven con el viento, los pies que no tocan la tierra y sus lamentos profundos y horrendos. También me contó de la Carroza de la Muerte: que pasa a diario a las doce de la noche y áquel que se atreva a salir morirá al instante. Con esos cuentos iniciaron mis pesadillas: dormía y como a eso de las once y media despertaba. Prendía la lámpara que estaba sobre el buró entre la cama de mi hermana y mía y esperaba. Moría de miedo al pensar que dieran las doce y llegara la Carroza de la Muerte y me llevara, esperaba oír los horribles lamentos de la Llorona, pero no podía esconderme bajo las sábanas, no. Me daba más miedo no ver. Cada noche ponía libros sobre el buró y alguna cosa que pudiera distraerme para no pensar más en los monstruos que me acechaban afuera. Siempre que despertaba llamaba a mis papás y ellos nunca venían, me daba miedo levantarme porque temía lo peor. Sí, tenía mucho mucho miedo.

El tiempo fue pasando y las historias de terror fueron adquiriendo un atractivo especial. Comencé a leer: leí a Stephen King, El Exorcista, Entrevista con el Vampiro, Drácula, Frankenstein, El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El fantasma de Canterville, descubrí a Poe y a Lovecraft. Leí y leí. También comencé a ver películas, desde las clásicas hasta las películas de serie B, con sangre naranjosa que chorrea por todos lados. El miedo no se había ido, ahora se había convertido en un gusto, el gusto por sentir que te persiguen cuando apagas la luz de la planta baja y subes corriendo sin voltear, el miedo a asomarte debajo de la cama para no encontrar algo desagradable y gelatinoso reptando, el miedo a los payasos, que esconden su rostro bajo toda esa capa de pintura blanca y su sonrisa dibujada, el miedo a la oscuridad.

Todavía tengo miedo. Todavía veo películas y leo libros y me asusta apagar la luz. Hace un par de años pase dos noches en vela por una de las películas que ví. Estaba aterrorizada y no quería cerrar los ojos. Aún no sé por qué ese afecto, por qué ese gusto por sentirme atemorizada: se me acelera el corazón y se me aguzan los sentidos. Supongo que es adrenalina, no lo sé, pero lo sigo buscando.

Ahorita, mientras escribía, recordé un cuento que me gusta mucho, como que me sentí un poco identificada. He aquí:


Una linea de Lovecraft que también me ha gustado mucho:
Algo semejante al miedo me heló el corazón cuando quedé allí sentado en la madrugada y sin compañía, y digo sin compañía porque quien permanece junto a una persona dormida está verdaderamente solo, tal vez más solo de lo que pueda imaginar.